Turismo y Unión Europea, una historia de éxito por la que vale la pena seguir luchando

Xavier Canalis

Xavier Canalis

Análisis/ El proceso de integración y ampliación de la Unión Europea -con la eliminación de fronteras interiores, establecimiento de una moneda común, liberalización del transporte aéreo, etc- ha sido un elemento clave que ha impulsado el turismo durante las últimas décadas, lo que ha beneficiado enormemente a España. Los nubarrones que se ciernen ahora sobre el proyecto común europeo, desde Grecia a Reino Unido, no presagian nada bueno.

Según los datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), en el año 1990 los países europeos recibieron un total de 261 millones de turistas extranjeros. El año pasado, dicha cifra alcanzó los 585 millones de viajeros.

Es decir, estamos hablando de un incremento del 124% durante un período de 24 años.

Dicho de otro modo: en el transcurso de una generación el turismo ha vivido un boom que hubiera sido impensable en una Unión Europea rígida, que hubiera renunciado a llevar a cabo sucesivas ampliaciones, sobre todo a partir de 1995.

Por otra parte, cuando decimos que Europa recibió 585 millones de turistas internacionales el año pasado, es necesario tener en cuenta el siguiente dato: la inmensa mayoría de viajes internacionales tienen lugar dentro de la “propia región” del viajero, según recuerda la OMT.

Y por “región”, en el argot de esta organización, se entienden cinco grandes áreas del mundo: Europa, Asia y el Pacífico, Américas, África y Oriente Medio.

En cifras, casi cuatro de cada cinco llegadas internacionales se originan y tienen destino en el mismo continente.

bandera unión europea

 

Riesgos a la vista

La Unión Europea en la que anualmente se mueven millones de viajeros de un lado para otro es también un invento frágil, complejo y en permanente construcción, que requiere -por el bien común- grandes dosis de generosidad, paciencia y visión a largo plazo.

Por ello, lo que pueda ocurrir en Grecia y en Reino Unido durante el período 2015-2017 va a determinar el futuro de la UE.

Por un lado, Alemania estaría considerando la posibilidad de dejar a Grecia fuera de la eurozona si un futuro gobierno en Atenas (liderado por la izquierda radical Syriza, que encabeza las encuestas) detiene las reformas económicas y se niega a pagar parte de la deuda contraída por el país.

Por el otro, el gobierno de Reino Unido se plantea adelantar el referéndum de pertenencia a la UE, previsto para 2017.

Y atención porque España sigue estando en una delicada situación. Al fin y al cabo, a los ojos de muchos europeos, somos uno de los países PIGS, simpático acrónimo anglosajón para identificar el grupo de países formado por Portugal, Italia, Grecia y España y mire usted qué casualidad, se traduce al inglés como “cerdos”.

De momento, el presidente de Francia, François Hollande, ha dicho que “países como España y Grecia han pagado un alto tributo para preservar la zona euro y seguir en ella”, lo que se ha traducido en la irrupción de “fuerzas de izquierda, a veces radicales”.

Ante este complejo escenario surgen varias preguntas. ¿Se verá de nuevo Grecia afectada por una situación de inestabilidad que provoque una caída en la llegada de turistas como ya sucedió en 2012 (-5,5%)?

¿Si Grecia cae de la zona euro le seguirán otros países, como por ejemplo España, si deciden no seguir aplicando las medidas de austeridad económica impuestas por Berlín y Bruselas?

¿Alguien se atreve a imaginar cómo será el mapa de la Unión Europea de aquí a 25 años?