Economía colaborativa en turismo: lobos con piel de cordero

Xavier Canalis

Xavier Canalis

Análisis/ Airbnb, Uber, Eatwith… Son lobos con piel de cordero. Se presentan al gran público como paradigmas de la economía colaborativa, casi como si fueran ONG’s, y se hacen las víctimas cuando hoteleros, taxistas o restaurantes reclaman que estas nuevas actividades turísticas se ajusten a la Ley.

Hacienda, que somos todos, ya ha puesto su ojo sobre estas empresas intermediarias y las personas que a través de ellas ofrecen sus servicios.

De hecho, la Agencia Tributaria ha anunciado que en 2015 vigilará especialmente aquellos “negocios particulares de alojamiento de turistas a través de la red”. Ver Las viviendas de uso turístico, bajo la lupa de Hacienda.

Economía colaborativa, sí, bienvenida sea.

Economía sumergida, no gracias, o ya podemos irnos despidiendo del Estado del Bienestar que se sufraga con los impuestos de las empresas y los trabajadores que cotizan.

¿Y dónde quedan los derechos de los consumidores en la economía colaborativa?

Vean el programa de TV “El efecto Uber” emitido por La Sexta. En la ciudad de San Francisco, EEUU, donde nació esta popular app, sólo han quedado 2.000 taxis oficiales frente a los 16.000 vehículos de Uber.

“Es competencia desleal, modifican sus tarifas los días de lluvia o cuando hay mucha demanda como conciertos, eventos, etc. Los taxis no podemos hacer eso”, dice un taxista de San Francisco.

En el mismo programa de TV hablaba uno de los conductores de Uber.”Por media jornada, y sin quitar los gastos que suponía el coche, gané unos 1.000 euros al mes brutos”. Uber se queda con un 20%. “Es la forma de llevar unos ingresos extra a casa”, explica el conductor, que reconoce que nunca ha pagado impuestos por el dinero que conseguía.

Tras una sentencia que ordenó la suspensión de operaciones de Uber en España el pasado diciembre, ahora en Alemania la Corte del Distrito de Frankfurt ha prohibido la actividad de Uber en todo el país, tal como ha informado Hosteltur.

Los pequeños negocios también sufren las consecuencias

Por otra parte, me da un poco de risa cuando oigo a los directivos de Airbnb decir cosas como que “existe un consumidor que demanda lugares más auténticos y únicos en los que permanecer cuando viaja”. Ver Hoteles vs. Airbnb: segundo asalto.

Y es que claro, todos los alojamientos de Airbnb son increiblemente auténticos, prometen todo lo que cumplen y si los hoteles pierden clientes es porque son unos comodones que no se saben adaptar a los nuevos tiempos…

Pero no sólo los hoteles están perdiendo en esta batalla desigual. Vean lo que le ocurrió al Bed & Breakfast de la familia Chaplin, en Saskatchewan, Canadá, tal como relata la BBC en el siguiente artículo: The new threat to small businesses.

A medida que la popularidad de Airbnb ha crecido, el negocio de los Chaplin ha caído. En la vecina ciudad de Saskatton, dicha web lista 48 alojamientos, desde una casa entera a un sofá.

Los Chaplin han visto cómo la facturación de su pequeño negocio familiar ha caído un 30% en los dos últimos años. Ellos deben pagar licencias, impuestos y someterse a regulaciones, toda una serie de obligaciones que los nuevos competidores pueden evitar.

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Caída del RevPar

Otro ejemplo de malas prácticas en relación a la economía colaborativa lo encontramos en la capital catalana.

El Gremio de Hoteles de Barcelona estima que en la ciudad funcionan 9.000 apartamentos turísticos ilegales, que hoy en día se comercializan a todo gas gracias a los nuevos intermediarios online. Ver también Jordi Clos: “El problema de Barcelona no es el crecimiento hotelero”.

Pues bien, el crecimiento del Revpar de los hoteles de Barcelona se vio “notablemente ralentizado (+1,1%)” en 2014 “como consecuencia mayoritariamente del incremento de la oferta de alquiler de viviendas individuales para su uso turístico, muchas aún en situación alegal”, según ha informado el lobby de empresas turísticas Exceltur.

Y es que el incremento exponencial de la oferta de alquiler de viviendas vacacionales, “parte de ellas en situación de economía sumergida e impulsando una creciente competencia desleal con negativos impactos sociales, se ha traducido en un incremento de la demanda turística extranjera a este tipo de alojamientos superior al 20%, mientras la de alojamientos reglados apenas ha superado el 5%”.

“Ello ha condicionado los resultados hoteleros, sobre todo en los de menor categoría en Barcelona, donde el RevPar de los 3 estrellas cayó un 4,4%“, añade Exceltur.

Y tengamos en cuenta que esos pisos turísticos ilegales y sin control han generado un gran malestar entre los vecinos, hasta el punto que este debate ha marcado la campaña de las elecciones municipales. Como se recordará, en el verano de 2014 se produjeron en la ciudad varias manifestaciones en Barcelona.

Otros riesgos que no deben descartarse

Incluso podemos ir más allá… ¿Acaso no existe un mayor riesgo de que este tipo de negocios sumergidos (taxis ilegales, pisos piratas…) se presten a ser objeto de extorsión por parte de mafias?

Y qué me dicen de esas cenas para grupos que organizan particulares en sus propias casas o vete a saber dónde… Sin controles de higiene ni seguridad. Me cuentan que en Barcelona montaron una cena muy chic de este tipo en unos antiguos almacenes, con unas impresionantes barbacoas… y sin extintores ni salidas de emergencia

O esos pisos turísticos ilegales, que no facilitan fichas de huéspedes a la policía, ¿no podrían ser usados como pisos francos por días por parte de grupos terroristas en destinos potencialmente objetivo de atentados?

Mafias, intoxicaciones, incendios, terrorismo… Sí, todo suena muy apocalíptico. Ya me perdonarán. Pero en este tipo de debates sobre la economía colaborativa nunca debemos descartar el peor escenario posible, por muy hipotético que sea.