Turismofobia: un fenómeno que va a más

Xavier Canalis

Xavier Canalis

Unos amigos me han enviado un enlace al diario Crónica Balear con esta noticia: Aparecen pintadas contra el turismo en Palma de Mallorca, y en efecto el citado medio muestra la siguiente imagen, “El turismo destruye la ciudad”. 

“Frases como ‘Stop guiris’, ‘El turisme destrueix la ciutat’ o ‘Refugees Welcome, tourist go home’ han aparecido en fachadas, puertas de garajes y equipamiento urbano”, relata el diario.

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Parece que este episodio de turismofobia sorprende en Palma de Mallorca. No así en ciudades como Barcelona, donde ya hace tiempo que podemos ver (en pintadas pero también en manifestaciones) cómo va a más el rechazo social al turismo, tal como muestran las siguientes imágenes:

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En las redes sociales también encontramos diferentes asociaciones que promueven debates y llevan a cabo movilizaciones para poner freno al crecimiento turístico de Barcelona.

Por ejemplo la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS) acaba de lanzar una campaña con el lema “Stop cruceros” y ha realizado actos de protesta “contra la masificación hotelera” en Barcelona.

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La turismobia es un fenómeno que va a más y se presenta de múltiples maneras, a veces bajo un discurso amable (“turismo masivo no, turismo sostenible sí”) o radicalmente contrario, donde incluso se estigmatiza al turista, señalándolo como culpable (“turistas marchaos a casa”).

Claro que hay ciudades que sufren las consecuencias del turismo de masas y es necesario corregir cuanto antes dichas situaciones.

Pero por favor, dejemos de señalar como culpables a las personas que vienen a visitar nuestra ciudad.

El consumidor tiene una responsabilidad, cierto, pero el primer responsable es el fabricante.

El problema de la turismofobia se acentúa cuando ese discurso más extremo acaba impregnando a otros actores de la sociedad, por ejemplo a políticos, tertulianos, medios de comunicación…

Y así llegamos a ver titulares como éste: “Turistas de Venecia, háganse a un lado y dejen pasar a los residentes. El Ayuntamiento de la ciudad italiana ha decidido abrir un ‘corredor humanitario’ para sus residentes para hacerla “más habitable”, publicado en El Mundo el pasado 7 de abril. Y de este modo tan banal, ponemos a los turistas en el mismo plano que un ejército invasor y a los residentes los convertimos en víctimas, cual refugiados que deben huir de una guerra.

Lamentablemente, la idea de crear “carriles para turistas” y “carriles para residentes” no es nueva. En Nueva York, un grupo de graciosillos inventó la“Tourist Lane” en plena Quinta Avenida.

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Tal como podemos ver en el siguiente vídeo, unos simpáticos tipos equipados con unos chalecos amarillos iban preguntando a la gente si era “turista” o “neoyorquino” para hacerlos circular por un carril o por el otro. Y claro, la gente desprevenida se pensaba que eran empleados del Ayuntamiento o algo así.

Puede que a algunos este “experimento sociológico” les parezca ingenioso, pero a mi me hace tanta gracia como si viera a dos camisas pardas o neonazis preguntando por la calle “¿Es usted ario o judío?”. Si este tipo de actitudes frente a los turistas o pseudo-bromas de mal gusto llegara a generalizarse o a ser simplemente aceptado por la sociedad, ¿qué sería lo siguiente?