¿Cerrar islas al turismo es viable?

Xavier Canalis

Xavier Canalis

Análisis.- Me cuenta una amiga inglesa que vive en Mallorca que este verano no cabe un alfiler en la isla. Según me explica, los atascos en la capital son constantes, resulta casi imposible encontrar un taxi libre, los autocares van completamente llenos, las calles están abarrotadas…

“Este año algunos empresarios se van a forrar, mientras la gran mayoría de los trabajadores seguiremos cobrando lo mismo”, me dice.

Por su parte, el consejero de Turismo de Baleares, Biel Barceló, ha asegurado que el archipiélago no está en situación de “colapso” pero ha admitido que “la temporada de verano no da para más” en las islas. Ver tambiénMallorca al límite: GOB reclama moratoria y decrecimiento turístico.

¿CUÁNTAS PERSONAS CABEN EN UNA ISLA?

El debate sobre la capacidad de carga de los destinos turísticos, y particularmente de las islas, es recurrente.

Hace algunos años asistí a una conferencia en Barcelona sobre la gestión del turismo de masas donde tuve la oportunidad de escuchar al sociólogo José Manuel Iribas (fallecido en 2015), quien era un gran defensor del modelo Benidorm.

Iribas nos explicó una anécdota. Estaba él en Gran Canaria, asistiendo a un foro, cuando le preguntaron cuál sería, según su opinión, la capacidad de carga máxima de dicha isla.

– “20.000 personas”, respondió Iribas.

– “Caramba, ¿y cómo ha llegado a esa cifra?”, le volvieron a preguntar

– “Muy fácil, 20.000 era el número de pobladores aborígenes que vivían en Gran Canaria, antes de la conquista castellana”.

La lección que nos da tal respuesta es que, en aquella sociedad primitiva y de subsistencia (sin hospitales, ni carreteras, vehículos a motor, sin viviendas con electricidad ni agua corriente, escasez de alimentos, etc), 20.000 personas en efecto era el máximo número de seres humanos que aquella isla podía sostener, ciertamente con una esperanza de vida reducida comparada con los estándares modernos.

Respecto a la sociedad aborigen canaria, “se han encontrado pruebas de infanticidio femenino y poliandria en varias islas. Este hecho se ha interpretado como una adaptación cultural a la escasez de recursos en forma decontrol poblacional“, según leemos en la Wikipedia.

Por tanto, tengamos mucho cuidado al manejar el concepto “capacidad de carga” y las políticas que su gestión implica.

Si por ejemplo alguien habla de limitar el número de turistas que caben en una isla en un mes determinado del año, ¿qué parámetros deberían utilizarse para fijar ese techo máximo sin que la pérdida de ingresos económicos que ello conllevará no repercuta negativamente en las condiciones de vida de los isleños?

¿Y cómo aplicar ese tope de una manera realista, teniendo en cuenta las decenas de miles de turistas que viajan a una isla como Mallorca pero no aparecen en las estadísticas hoteleras del INE, al alojarse en viviendas no reguladas?

mallorca playas

UNAS ISLAS SE CIERRAN AL TURISMO… Y OTRAS SE ABREN

Cerrar una isla al turismo no es fácil. Otra cosa es que se trate de un sitio deshabitado. Este año, a partir de octubre, Tailandia cerrará una isla al turismo con el fin de proteger su medio ambiente. Se trata de un lugar sin infraestructura hotelera, ubicado en un parque natural. “La isla se cierra por tiempo indefinido. La han visitado demasiados turistas. Han destruido la ecología y los corales de la isla”, señaló un portavoz del departamento de Parques Nacionales. La medida excluye, sin embargo, dos centros de buceo que operan en la zona.

En la isla de Santa Helena, en cambio, sus habitantes se preparan para recibir turistas que por primera vez llegarán en avión. En este remoto punto del Atlántico Sur, donde Napoleón Bonaparte murió desterrado, han abierto un aeropuerto. Hasta ahora, sólo se podía llegar allí en barco, tras una travesía de 9 días partiendo desde Namibia. Ver The island ready to welcome the world.

En cualquier caso, el debate sobre la capacidad de carga en las islas españolas seguirá siendo recurrente porque el turismo de sol y playa es, por definición, estacional, al depender de los calendarios vacacionales de los mercados emisores.

Sin embargo, las medidas tendrían que huir de los maximalismos y buscar el consenso de la sociedad.