Turismo a toda velocidad, en cuesta abajo y sin frenos

Xavier Canalis

Xavier Canalis

Hace ahora cinco meses, el pasado 15 de abril, el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, presentó su dimisión a raíz del escándalo de los Papeles de Panamá. Mediante un Real Decreto, se dispuso que el ministro de Economía y Competitividad en funciones, Luis de Guindos, asumiera “el despacho ordinario” de los asuntos del citado ministerio, del que depende Turespaña.

José Manuel Soria ha vuelto a ser noticia al saberse que el Gobierno español pretendía darle un importante cargo en el Banco Mundial. De ahí que su anterior gestión al frente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo de nuevo haya sido motivo de debate en los medios de comunicación.

CRÍTICAS

Por ejemplo, Eldiario.es publicó el artículo de opinión “Las cacicadas del ministro Soria” firmado por Ignacio Vasallo, quien antaño fue director de Turespaña y director de la Oficina Española de Turismo en Londres.

“Para el exministro Soria tres de los principales requisitos para el nombramiento de los cargos de alta Direcciónde su departamento han sido la proximidad geográfica, la corporativa y la amistosa, al margen, claro de la política”, indica Vasallo, que recuerda con nombres y apellidos algunos de dichos cargos.

De hecho, el Tribunal Supremo admitió a trámite una demanda presentada por la Asociación de Administradores Civiles del Estado Especializados en Turismo (Acestur) en la que dicha asociación pide impugnar el nuevo reglamento profesional que rige Turespaña.

Como novedades, dicho Real Decreto redujo de ocho a cinco años el plazo máximo de permanencia de los funcionarios en las Consejerías de Turismo. Ver también Las oficinas de Turespaña en el extranjero estrenan regulación.

NUEVOS Y VIEJOS PROBLEMAS

En cualquier caso, desde que dimitiera José Manuel Soria como ministro de Industria, Energía y Turismo hace cinco meses, el sector turístico español ha vivido una curiosa sensación de provisionalidad (“despacho ordinario”, según la terminología oficial) al mismo tiempo que batía todos los récords en la llegada de turistas extranjeros. De hecho, se prevé que al cierre del año superaremos los 70 millones de viajeros internacionales gracias en parte al “tsunami de turistas prestados”.

Puede que a algunos ya les parezca bien la situación actual –sin un liderazgo visible– en el Ministerio responsable de dirigir la política turística española. “Así nos molestan menos”, he oído decir a varios empresarios. Discrepo.

Precisamente porque España está batiendo récords en la llegada de turistas debido a la compleja situación geopolítica internacional es cuando se están generando nuevos problemas (como la saturación y la masificación, el boom de la oferta P2P de alojamiento ilegal…); o bien surgen factores imprevistos (el Brexit); o se recrudecen algunos otros problemas viejos y nunca resueltos. Por ejemplo, la obsolescencia de muchos destinos de sol y playa o la caída del gasto medio por viajero (vienen más, pero gastan menos).

Esa sensación de provisionalidad ha alarmado de hecho a ABTA, la patronal de agencias y turoperadores británicos, que está expectante e inquieta por saber quién nombrará Turespaña en Londres, dados los precedentes que sentó la gestión de José Manuel Soria.

Y ahora, con el complejo escenario político de España dirigiéndose hacia unas terceras elecciones, de nuevo muchos van a confiar que el turismo ya funcionará por sí solo, en piloto automático.

En cambio, personalmente tengo la sensación que vamos con el vehículo a toda velocidad, sí, pero cuesta abajo y con los frenos rotos, en una carretera llena de curvas.

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